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Martes 28 de Octubre de 2003
Materiales para la instalación de una red de agua potable
 

En la instalación de una red de fontanería se distinguirán dos grandes grupos de elementos que la forman: las conducciones y los dispositivos. En este apartado nos referiremos a las tuberías o conducciones, para lo cual es necesario conocer de antemano las peculiaridades de la instalación como: clase y naturaleza del agua, temperatura de consumo, valoración económica de la instalación y, finalmente, diseño o funcionalidad. Es importante conocer la naturaleza química del agua por si sus componentes no son compatibles con los materiales que forman la instalación, teniendo en cuenta que el agua caliente acelera la corrosión de los materiales. En general, las tuberías que transportan agua potable deberán estar formadas por materiales estables que no modifiquen las propiedades del agua. Las tuberías de plomo con agua fría no ofrecen problemas, ya que se forma una capa de sales calcáreas insolubles que las protegen contra la corrosión; pero con agua caliente éstas se disuelven en ella, pudiendo ser nocivas para el consumo humano. Con el cobre, el oxígeno forma carbonato de cobre, que protege el tubo y permite su utilización para conducciones de agua potable. Con el hierro, la acción del oxígeno disuelto en el agua provoca la corrosión acelerada por la presencia de ácido carbónico; las sales férricas no son nocivas para el consumo humano, pero su problemática es la coloración rojiza que adopta el agua de consumo. Los materiales más empleados en las tuberías de agua son: acero, cobre, plomo y plástico. Cañerías de acero Están constituidas por acero dulce con bajo contenido de carbono y mínima resistencia a los esfuerzos mecánicos. Se clasifican en tres grandes grupos: acero galvanizado, acero negro y acero inoxidable; en I la práctica se las denomina tuberías de hierro. Según sea su proceso de fabricación, se clasifican en tubos ligeros enrollados, tubos con costura y tubos sin costura, siendo estos últimos los más empleados. Finalmente, se puede incluir una nueva clasificación según sea su protección (acero negro, galvanizado, inoxidable): acero galvanizado: son las más empleadas en las instalaciones corrientes de fontanería. La protección consiste en un baño electrolítico con una solución de zinc, que se deposita en las paredes con un recubrimiento de unos 0,10 mm. La nomenclatura de las tuberías de acero galvanizado se basa en la dimensión de su diámetro interior en pulgadas, variando en la tabla de normalización de 3/8 hasta 5, siendo la longitud del tubo de 4 a 6 ID. Las tuberías de pequeño diámetro se cortan con sierra de metales, y con el corta-tubos para los de mayor dimensión. La unión de tuberías se ejecuta mediante racores roscados, para lo cual se corta el tubo a su medida y con una terraja se forma la rosca; se procede de igual manera con el otro tubo a empalmar y, entre ellos, se coloca el racor para garantizar la estanqueidad y evitar la corrosión; se tendrá que extender una capa de pintura antioxidante en la zona afectada por el roscado y se enrollará la rosca con estopa o cinta de teflón. También se pueden ejecutar los empalmes, con manguitos de prolongación de tramos rectos; el curvado se efectuará en frío mediante máquinas de curvar o tornillo de banco. Acero negro: no se utilizará para agua potable, sino que se reservará prácticamente para calefacción; el curvado se puede hacer al igual que el galvanizado en frío, pero también en caliente, y los empalmes se podrán ejecutar mediante racores, bridas o con soldadura autógena, Cañerías de acero inoxidable Son las de máxima resistencia entre los materiales férricos; se emplea de una forma bastante restrictiva debido a su coste, utilizándose el fabricado de banda de acero inoxidable al níquel por soldadura de fusión continua, sin la adición de material de aporte; la principal característica es su gran resistencia a la corrosión y su mayor capacidad mecánica (supera el doble al hierro galvanizado). Comercialmente se presenta en dos variables: sin pulir, para instalaciones empotradas, y pulido, para instalaciones vistas. El empalme se ejecutará por uno de los sistemas: racor de acero o cobre, soldadura capilar, racores a comprensión. La normalización de tuberías comprende de 8,8/10 a 30,8/42, limitando su aplicación por la falta de mayor diámetro. La utilización se inicia por el cortado mediante sierra de acero y el curvado. Las tuberías son de una longitud de 6 m. Cañerías de cobre Es un material de gran aplicación; a pesar de su mayor costo con respecto al hierro, su facilidad de colocación y su buen comportamiento frente al agua caliente lo convierten en un material de gran implantación. Está formado por cobre desoxidado al fósforo con una gran pureza (hasta un 99 %), presentándose en el mercado bajo dos aspectos: duro y recocido. Se diferencian sobre todo por su facilidad de moldeo, ya que el tubo recocido es mucho más blando. El tubo de cobre duro se suministra en barras de 4 a 6 m. de longitud, sin tratamiento térmico y con la rigidez que ha adquirido en las operaciones de estirado; el tubo de cobre recocido se presenta en rollos de hasta 50 m., con diámetros incluso de 20 mm. Se emplea el recocido para instalaciones empotradas o curvilíneas, mientras que el duro es para instalaciones vistas de tramos rectos. El cobre es un material inoxidable, a pesar de oscurecer en contacto con el aire, por lo que, por cuestión estética, las tuberías de este material se protegen exteriormente con una capa de barniz. Las principales características son: facilidad de manipulación y maleabilidad; ejecución de uniones mediante accesorios de fácil colocación o por soldadura capilar; buen comportamiento con los fluidos de uso doméstico; gran resistencia a la corrosión atmosférica; al ser de pared lisa, con menor diámetro admite un caudal hasta un 20 % superior en relación a las tuberías rugosas. Los cambios de dirección de una canalización se ejecutan mediante curvado, evitando el empleo de elementos de unión. Los empalmes de tuberías de cobre se realizan generalmente de tres formas: racor de compresión, accesorio de soldadura capilar o soldadura de cobre o plata. Los empalmes de compresión son accesorios no manipulables, quedando realizada la unión por medio de un manguito o aro suelto que sujeta las paredes externas del tubo, al apretar la tuerca de acoplamiento al accesorio. Los racores desmontables son piezas de bronce, provistos de tuercas que actúan sólo por compresión o apriete; la sujeción puede ser: racor de compresión, racor de cuello rebatido, lacar de cuello abocardado y racor tipo Bag. La soldadura capilar se emplea con manguitos prefabricados, obtenidos por deformación en frío de tubo de cobre, latón o bronce mecanizado, los cuales se unen mediante una soldadura en estado líquido que penetra por la holgura entre tubo y manguito. Para proceder a una correcta soldadura se efectuará el siguiente proceso: limpieza de las áreas a soldar con un estropajo de aluminio o similar aplicación de pasta decapante, introducción del manguito el ambos tubos, calentamiento del conjunto' aplicación del material de aportación. El este último punto se pueden ejecutar do tipos de soldadura: la blanda para baja presiones, al 50 % de estaño y plomo, y las soldaduras fuertes para elevadas presione, con un 95 % de estaño y un 5 % de plata. Cañerías de plomo El plomo, metal no ferroso, ha sido utilizado con gran profusión en todo tipo de canalizaciones, aunque actualmente su aplicación en fontanería es prácticamente nula. Los tubos de plomo se obtienen en la prensa hidráulica por extrusión de plomo de gran pureza, alcanzando el 99,9 % los de categoría A y el 99,8 % los de categoría B; también se emplea en aleación con un 1% de antimonio, aumentando así la resistencia a la presión. El plomo se suministra en rollos de has1 10 m. de longitud y diámetros de 6 a 45 mm.; para diámetros superiores se sirven elementos rectos de 4 m. de longitud y los espesores pueden aumentar de 0,5 e 0,5 mm. a partir de 1,5 mm. El plomo es inalterable a los agentes atmosféricos y no necesita protección alguna, pero hay que evitar su contacto con un metal de distinto potencial, ya que se origina una corrosión anódica; los contactos plomo-zinc, plomo-hierro y plomo-aluminio se evitarán, pues da malos resultados de unión. En su puesta en obra se evitará su contacto con cal grasa o hidráulica, cemento Portland, maderas húmedas y ciertos elementos bituminosos. Debido a su gran maleabilidad, el tubo de plomo se trabaja muy fácilmente, se adapta cómodamente a todos los recorridos y se suelda con facilidad; raramente precisa de juntas o racores, ya que la soldadura de estaño o autógena soluciona todos los casos. Cañerías de plástico Dentro de las denominadas tuberías plásticas, se deben distinguir dos categorías: termoendurecibles: pierden la plasticidad inicial, endureciéndose en un proceso irreversible. Termoplásticos: no pierden la plasticidad inicial y la forma se modifica en caliente y bajo los efectos de presión; éstos son los que se emplean normalmente en la fabricación de tubos. Entre los productos termoplásticos se citan: el cloruro de polivinilo (P.V.C.) el polietileno (Pe) y el polibutilo. Los tubos de plástico se obtienen por inyección, es decir, haciendo pasar el material reblandecido por el calor. Éstos pueden ser: flexibles, semi-rígidos y rígidos. Las principales ventajas del P. V. C. frente a los demás plásticos es su poco peso y menor costo de la mano de obra, se puede trabajar dándole diversas formas y no le afectan los materiales de agarre como el yeso, la cala el Portland; posee una elevada resistencia a la acción de los productos químicos y no admite incrustaciones, con lo cual no disminuye su sección hidráulica; su mayor inconveniente es la falta de resistencia a elevadas temperaturas. Se fabrican para diversas presiones, de 2 a 16 atmósferas, y existen en el mercado toda clase de accesorios de tipo rascado o liso.

 

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